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Fiestas


El ciclo festivo de Campillo de Arenas tiene su punto culminante en las celebraciones que se llevan a cabo durante el segundo fin de semana de agosto en honor de la Patrona, la Virgen de la Cabeza. Los actos comienzan en la tarde del sábado cuando la imagen de la Virgen es procesionada teniendo lugar durante el trayecto las primeras “avanzadillas” de las representaciones bélicas entre moros y cristianos, tras las cuales, y después de una emboscada, el bando moro logra robarle a las tropas cristianas la imagen de la Virgen, la cual será llevada cautiva al castillo de las huestes musulmanas que a tal efecto y para tal representación se ha levantado en la plaza principal de la villa. Se llevarán a cabo varios intentos de asalto de la fortaleza por parte del bando cristiano, luchas que se sucederán entre el estruendo de tracas y cohetes y el sonar de tambores y cornetas. Pasada la medianoche se volverá a procesionar la Virgen de la Cabeza entre el ruido y la vistosidad de multitud de fuegos artificiales. En la mañana del domingo los cristianos montarán un campamento próximo al castillo con la pretensión de rescatar a la Virgen. Habrá nuevas luchas entre ambos bandos, cruzarán las espadas en una primitiva danza ritual de gran belleza plástica, consiguiendo los moros robarle las armas a los cristianos. Se lleva a cabo entonces el parlamento de los embajadores de ambos bandos. El cristiano defenderá la Inmaculada Concepción de María, mientras que el moro no atendiendo a tales argumentos pretenderá la destrucción de la imagen de la Virgen. De nuevo habrá luchas, siendo las tropas moras derrotadas al fin y convertidas al cristianismo. Esta interesante manifestación de la cultura tradicional jiennense ha sido ampliamente estudiada por el cronista Enrique Fernández Hervás.

La celebración del festejo de la Virgen de la Cabeza en Campillo de Arenas cuenta también con los “campanilleros”, que en la madrugada del domingo, acompañados de campanillas, guitarras y bandurrias, cantarán al alba las “coplas de la Aurora”, tradicionales composiciones populares de salutación a la Virgen, e invitarán a todos los campillenses a participar en el Santo Rosario que preside la Patrona.

Para la fiesta de la Candelaria, el 2 de febrero, se celebra lo que popularmente se conoce como “día de las pajaritas”, consistente en que los niños acuden a la misa y procesión de la Virgen del Rosario con unos ramos de romero engalanados con pajaritas hechas de pan y pintadas de múltiples colores y adornadas con plumas. Estas figuras se hacen en recuerdo de las tórtolas que fueron ofrecidas por María en el Templo de Jerusalén para cumplir los preceptos que demandaba la ley de Moisés para su purificación y la presentación del recién nacido al cumplir los cuarenta días. Antiguamente, al día siguiente, festividad de San Blas, era costumbre en Campillo de Arenas guardar ayuno y abstinencia, y en la misa de ese día se bendecían unas roscas hechas con harina de garbanzos.

El domingo de Pentecostés tiene lugar la romería a la ermita de Puerta de Arenas dedicada a Santa Lucía. De la devoción a la santa protectora de la vista en Campillo de Arenas existen datos documentales fechados en 1837 donde ya se habla de la existencia, desde tiempos inmemoriales, de un cuadro de la santa colocado en una hornacina labrada en una piedra del desfiladero, y que fue destruida por los disparos de los trabucos de unos bandoleros que por tal motivo quedaron ciegos.

El domingo siguiente al día de la Ascensión se celebra romería al cerro del castillo árabe donde se celebra una misa de acción de gracias y se bendicen los campos. Su origen se remonta a finales del siglo XVI, cuando los campillenses hicieron un voto por haber sido librados de una plaga de langostas, de ahí que esta celebración sea conocida popularmente como la “fiesta de los cigarrones”.

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